El hombre siempre ha buscado poder para enfrentar los peligros de la vida. Sin embargo, la Biblia confronta con una realidad que nuestra cultura se niega a admitir: el poder que el hombre posee por naturaleza es radicalmente insuficiente para su salvacion. Para alcanzar esa salvacion se requiere una fortaleza que no nace del hombre, sino que desciende del cielo.